IDENTIFICA Y SANA LAS HERIDAS QUE DEFINEN TUS PATRONES EMOCIONALES HOY.

Las experiencias de la infancia no solo forman recuerdos; forman la manera en que te relacionas con el mundo, contigo mismo y con los demás. Cuando ciertas necesidades emocionales no fueron satisfechas en los primeros años de vida, quedan huellas. A esas huellas las llamamos heridas de la infancia, y siguen activas en la vida adulta aunque no las reconozcamos como tales.

Las cinco heridas emocionales más comunes son: abandono, rechazo, humillación, traición e injusticia. Cada una de ellas genera creencias limitantes y comportamientos automáticos que, en la adultez, se manifiestan como ansiedad, dificultades en las relaciones, baja autoestima o una sensación constante de que algo no encaja.

Heridas de la Infancia

Lo que hace especialmente difícil trabajar las heridas de la infancia es que la mente adulta tiende a racionalizar: "mi infancia no fue tan mala", "hay gente que tuvo mucho peor". Pero el dolor emocional no se mide por comparación. Lo que importa es cómo lo vivió esa versión pequeña de ti, con los recursos que tenía entonces. Identificar la herida no significa culpar a nadie; significa entender el origen de ciertos patrones para poder soltarlos.

En el proceso de acompañamiento, trabajamos esas heridas usando el trabajo con el niño interior, el árbol transgeneracional para ver qué patrones vienen de generaciones anteriores y se han repetido en ti, y herramientas de PNL para transformar las creencias que quedaron instaladas. El objetivo no es borrar el pasado, sino quitarle el poder que todavía tiene sobre tu presente.

SEÑALES DE QUE UNA HERIDA DE INFANCIA ESTÁ ACTIVA

CÓMO TRABAJA GISELLE ESTAS HERIDAS

"No eliges el pasado que tuviste. Sí puedes elegir qué haces con él."

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